En esta sección se reproducen poemas en sus diferentes formatos y soportes. Se trata de un archivo de textos, voces, videos, performances.

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Raydel AraozMariano Blatt / Fabián Casas / Rocío CerónEmeterio Cerro / Marcelo Díaz / Gilda Di CrostaMarosa Di Giorgio/ Roberto Echavarren / Carlos EssmannSilvana Franzetti / Daniel GarcíaMarília Garcia/ Federico Leguizamón / José Lezama Lima / Milton López/ Luis Alberto Marecos / Néstor Perlongher / Martín Prieto /Alejandra Saguí/ José Watanabe  

López, Milton

Milton Lopez nació en Bahía Blanca, en 1987. Sus libros son: Impreso en papel vegetal (La Propia Cartonera, Montevideo, 2011), El quinto sueño (Iván Rosado, Rosario, 2012), Vermouth (Chuy ediciones, Bahía Blanca, 2013), Hablar como los animales (Eloisa Cartonera, Buenos Aires, 2014), Borders (Neutrinos, La Paz, 2015) y Aves (Vox, Bahía Blanca, 2015). Los poemas seleccionados pertenecen al libro inédito Arroba.

En estos textos, la intervención sobre la palabra poética pasa casi exclusivamente por la entonación; o bien la repetición de un mismo sintagma con inflexiones tonales distintas genera efectos sonoros disímiles en cada verso, por la suma o la sustracción de alguna palabra o partícula que sube del verso de arriba o baja al verso de abajo; o bien la descomposición sucesiva del verso deja como saldo un resto auditivo mínimo y nuevo, sin integrar.

El verso mismo pierde su medida: en el poema de la bufanda, por ejemplo, que parte del verso «Te fuiste de casa y dejaste una caja llena de bufandas», pasando por todas las variaciones de corte posibles, desemboca en la transformación de cada verso en una letra, pura grafía leída como deletreo, y no como fonema: la letra adquirie valor, ya no como elemento constituyente del verso inicial, sino en sí misma.

Hay, quizás, una curiosidad infantil que impulsa la experiencia de la puesta en voz: la clave del funcionamiento de un objeto reside en el interior del mismo; al descomponerse, revela su misterio, como un reloj abierto, con el engranaje a la vista. Sin emabrgo, en este punto, las piezas pueden darse vuelta, ponerse patas para arriba, desordenarse, reinventarse, armar su propio sistema sin funcionamiento ni referencia, como puro juego sonoro: formar, a partir de palabras existentes, palabras que no existen.

Acá, la escritura se define, literalmente, como partitura: son las inflexiones tonales, ascendentes y descendentes, las estaciones de destino de las palabras del poema. Roland Barthes habla del «grano de la voz»: aquello que no se puede terminar de descomponer.

Algo de eso hay: es la voz lo que, finalmente, prevalece como resto o, mejor, como hilo, un hilo que enhebra el poema en la misma medida en que, por medio de la insistencia y puesta a prueba de ciertas posibilidades sonoras, desmonta las piezas de su esqueleto escrito. 

M. M.